Mi Primera FIV: Segunda parte

Volviendo a cómo fue mi primer ciclo de FIV he pensado que sería interesante entrar un poco en detalle en las decisiones que fui tomando al ver que aquello no arrancaba. Así que ¡allá vamos!

Tras la primera transferencia, primer falso negativo y primera “aborto” (lo pongo entre comillas porque estaba de tan poquito que nunca llegamos a ver el embrión), me quedé con un sabor de boca agridulce. Esperanzada porque por primera vez había estado cerca de un embarazo. Triste porque a fin de cuentas, no había funcionado.

Como os comenté, el diagnóstico que me dieron es que se trataba de un ectópico. Una de estas palabra, de las muchas otras, que aprendes cuando te metes en este mundillo de la Reproducción Asistida.  

Tras 4 meses de intentar no pensar mucho en el tema, nos animamos a hacer la segunda transferencia. Yo estaba cagada como un flan pensando en cómo afrontaría un blanco nuclear. El caso es que llegó el día señalado y ta chán, POSITIVO. Primer test de orina que me hacía en la vida y aparecían las dos rallitas!! DOS!

La alegría, sin embargo, no duró mucho. A los 3-4 días empecé a tener pequeñas pérdidas así que me mandaron medir la beta-hcg en sangre. El resultado, beta baja y otro ectópico. La caída emocional que experimenté fue 10.000 veces más heavy que el salto estratosférico que hizo Felix Baumgartner para Red Bull.

Como en estos temas no creo en la mala suerte, decidí introducir un cambio para lo que vendría a ser el tercer intento: acupuntura. Confieso que me cuesta mucho creer en las terapias alternativas pero estaba tan angustiada y perdida que si me hubieran dicho que tenía que pasar media hora al día haciendo el pino puente para quedarme embarazada, lo hubiese hecho.

Así que tras informarme de varios centros, me decanté por el de la Dr. Lu. Sorprendentemente, a los 3 meses empecé a notar grandes mejores. La más interesante es que pasé de tomar un Espidifen cada 4 horas en los primeros días de regla, a uno solo en toda la regla. Flipé tanto con esto cambio y tenía tantas ganas de pensar que la acupuntura iba a solucionar mi problema de infertilidad que visto desde la distancia, pienso que me lo tomé demasiado en serio. La consecuencia es que  esperé demasiado en hacer la siguiente transferencia. Quería probarlo cuando mi cuerpo estuviese preparado. Y así me tiré 8 meses haciendo acupuntura una vez por semana. Ojito, porque tras tanta espera y cumplir a raja tabla todos los deberes que tenía, que no eran pocos, hicimos la tercera transferencia y el resultado fue un NEGATIVO para enmarcar. Con esto no quiero decir que la acupuntura no ayude. A día de hoy sigo pensando que me fue súper bien, pero también creo que no hay que obsesionarse. Los milagros no existen. Ni en la acupuntura ni en la ciencia.

Tras perder este tercer round, reconozco que la recuperación fue más rápida que las anteriores. Por lo menos no tendría que pasar por la angustia del “aborto”. Simplemente no había funcionado. Lejos de desanimarme, decidí que había llegado el momento de abrir los ojos y empezar a coger el toro por los cuernos. Por mucho que me dijeran que no tenía ningún problema, algo fallaba, así que si era necesario lo investigaría por mi cuenta. Por otro lado, necesitaba empezar a aceptar que quizás nunca sería madre. Me aterraba la idea pero la realidad, quisiera o no verla, estaba allí. Así que decidí:

  1. Visitarme con Rafael Santandreu, el psicólogo que me había tratado años atrás y que me ayudó a tomar la decisión de cumplir mi sueño: viajar
  2. Informarme de otras pruebas no ginecológicas asociadas con los abortos
  3. Ir a pedir una segunda y tercera opinión en otras clínicas de Reproducción Asistida

Los resultados fueron:

  1. Rafael me ayudó a afrontar mi pánico a nunca ser madre y me dio herramientas para vivir con más ilusión y optimismo el proceso de la reproducción asistida
  2. Descubrí que algunos abortos son debidos a factores inmunológicas y de la coagulación de la sangre. Me hice las pruebas, salió que tenía el Factor V de Leiden y me fui de cabeza al Dr. Reverter. También decidí hacer el DGP de los 5 embriones que nos quedaban. 2 estaban mal, 1 no sobrevivió a la descongelación y 2 serían los de nuestro 4 intento
  3. Quedé convencida que quería seguir tratándome en la cínica IVF con el Dr. Zamora

Os podéis imaginar que para la cuarta trasferencia iba mega preparada. La novedad en este caso, es que me tenía que pinchar heparina cada día y que me pondrían nuestros últimos embriones. Con la ayuda de Rafael, además yo estaba esperanzada e ilusionada. El resultado un POSITIVAZO y la castaña que me metí GIGANTESCA. Esta vez fue como si me lanzaran no desde la estratosfera, sino de la galaxia más lejana que pueda existir de la Tierra. Y es que contra todo pronóstico, tuve un aborto bastante desagradable a los pocos días de ver el embrión.

En este momento, mi estado de ánimo estaba por los suelos. Ahora sí que ya me quedaban pocas cosas por probar, además de llevar 4 transferencias en la espalda. Aún así, quería seguir intentándolo. Por lo menos, empezando con un nuevo tratamiento. Pero para hoy creo que ya os he metido suficientemente la chapa 😉

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